Itzel Maldonado

Escribe en Ala de Pestañas

Sobre la autora

Tengo cabina en colonia García Ginerés, Mérida. Camilla angosta con cabecera reclinable y cojín de gel para el cuello del cliente. Portabandejas de acrílico con extensiones clasificadas por curvatura: J, B, C, D. Extractor de aire lateral a treinta centímetros de la zona del adhesivo. En la pared hay un tablero magnético donde anoto los tiempos de curado según la humedad del día, porque en Yucatán la humedad no es un dato constante.

Llevo ocho años en servicios de belleza. Comencé con manicura porque era el servicio con entrada más baja y sin mucho equipo. Después agregué cejas como paso natural. Yareli Tzuc, colega de esos años que ahora tiene su propio estudio de uñas a dos cuadras de la mía, fue la primera en animarme a buscar formación en pestañas cuando ambas vimos que la manicura sola ya no movía el ticket promedio.

Tomé varios cursos. El primero lo elegí por precio y me dejó sabiendo construir abanicos pero sin idea de cómo hablarle a una clienta nueva ni cómo fijar precio en mi plaza. Los siguientes tuvieron sus propias brechas. Desde entonces llevo registro escrito de cada curso: qué cubrió, qué prometió y no entregó, para qué perfil tiene sentido y cuántos sets necesitas para cubrir la inversión en tu plaza.

Elsa Baas, representante de un distribuidor de insumos para lash en Yucatán, me avisa cuando llega adhesivo nuevo antes de que aparezca en el catálogo general. Eso me ha dado una vista directa de qué productos usan las lashistas de la región y cómo responden a la humedad del caribe yucateco.

Escribo para esteticistas que ya tienen cabina y necesitan saber si un curso les va a dar retorno en tiempo razonable. La perspectiva es la de una silla funcional, no la de quien empieza desde cero.

Este espacio compara cursos desde la práctica de cabina, con fines exclusivamente informativos. Las extensiones de pestañas involucran adhesivos cerca del área ocular y las reacciones a los cianoacrilatos varían entre personas. Los resultados y tiempos de retención dependen del mercado local, del producto y de la preparación previa. Si atiendes clientas con historial de sensibilidad o irritación, lo más indicado es consultar con una dermatologa antes de avanzar con una técnica nueva.

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